En este blog apostamos desde el principio por difundir la evidencia científica de la Musicoterapia y, de echo, ya llevamos publicados más de 120 artículos científicos sobre la efectividad de esta disciplina en diferentes áreas, patologías y síntomas como por ejemplo en cuidados paliativos, en enfermedades neurodegenerativas, en Geriatría, Pediatría, DCA (daño cerebral adquirido), para mejorar los niveles de ansiedad, estrés o depresión o para ayudar en la gestión del dolor.

Por esta razón nos interesaba mucho que la parte de investigación también estuviera presente en Otras miradas. Que alguna persona experta en algo tan importante para cualquier disciplina, también nos diera su visión sobre la musicoterapia y sobre la relevancia que puede tener el investigar en ella.

Por todo ello, para #MTi es todo un lujo conocer hoy la mirada de una persona con una importantísima trayectoria en investigación. Hablamos con la Dra. Andrea Rodríguez Prat, licenciada y doctora en Humanidades, quien tiene publicados sus estudios en las principales revistas de investigación del mundo.

Además de ser licenciada y doctora en Humanidades, la Dra. Rodríguez Prat hizo un máster de investigación clínica en 2014 y, desde entonces, es investigadora de la Cátedra WeCare: Atención al final de la vida.

Es profesora de Antropología Filosófica y de asignaturas relacionadas con metodología de la investigación en la Universitat Internacional de Catalunya.

En el marco de la Cátedra WeCare ha podido participar de distintos proyectos de investigación relacionados con las necesidades de pacientes que se encuentran al final de la vida.

Actualmente, está liderando un proyecto de investigación titulado “La muerte en soledad desde la perspectiva de supervivientes COVID-19. Un estudio fenomenológico».

Le agradezco mucho su implicación en este proyecto, Dra. Rodríguez Prat. Creo que es muy interesante conocer el punto de vista de otros profesionales, en este caso, de un ámbito tan importante para la evolución de cualquier disciplina como es la investigación.

Para empezar, nos gustaría saber si conoce la Musicoterapia.

Aunque “sabía” de la existencia de la musicoterapia desde hacía tiempo, realmente viví en primera persona la musicoterapia durante una estancia de investigación postdoctotal en Edmonton (Canadá), en el 2019. Tuve la oportunidad de hacer una estancia de observación en la Unidad de Cuidados Paliativos del Grey Nuns Hospital y de “ser la sombra” de Sheila, la musicoterapeuta de la unidad.

En países como Estados Unidos, Canadá, China, Brasil, Australia o Reino Unido la figura del musicoterapeuta es habitual en hospitales, incluso algunos institutos nacionales de salud editan guías clínicas que recomiendan la musicoterapia como terapia complementaria. En España la situación es muy diferente ¿Cuál es su opinión al respecto?

Me parece que en otros países tienen una mentalidad más abierta y son capaces –también porqué han hechos estudios científicos que han aportado evidencias sobre los beneficios clínicos- de reconocer que otras perspectivas, como terapia a través de la música o del arte, son capaces de aliviar el sufrimiento, convertirse en canales efectivos de comunicación y de expresión de sentimientos o de ayudar a la gestión emocional de pacientes y familiares.

En este sentido, apostar por equipos interdisciplinares me parece que siempre es una riqueza y en España, a menudo no hay un reconocimiento práctico a estas perspectivas humanísticas.

Por otro lado, en países como Estados Unidos o Canadá a menudo prevalece la iniciativa personal por encima de la institucional. Creo que en España a veces esperamos a que las instituciones no den lo que esperamos cuando en realidad nada impide que seamos más audaces y emprendedores respecto a muchas cuestiones. Quizá si fuéramos capaces de levantar fondos privados y contar con personas capaces de conectar con este tipo de proyectos llegaríamos más lejos.

También pienso que, en la medida que se visibilice el impacto de este tipo terapias, habrá una mayor sensibilización no solo respecto a la importancia de una atención digna al final de la vida sino de implementar terapias complementarias como lo es la musicoterapia.

Usted es experta en investigación y tiene un gran número de artículos científicos publicados. Hemos podido leer algunos y son interesantísimos. ¿Qué consejos daría a las/los musicoterapeutas que quieran investigar?

A alguien con la ilusión de investigar le diría: fórmate, lee, si puedes haz un máster de investigación o participa en cursos especializados y rigurosos de investigación, intenta generar sinergias de investigación con otros colegas para no estar solo o sola con tus proyectos y piensa que vale la pena. Pero me parece crucial insistir en la importancia de una formación rigurosa y exigente. Investigar implicar dominar algunas metodologías y esto implica tiempo y esfuerzo.

Desde la administración española de sanidad, se solicitan especialmente estudios cuantitativos, aleatorizados, doble ciego, con índices de calidad altos para poder demostrar que la Musicoterapia es efectiva y segura. Pero en nuestra disciplina no siempre es posible que las intervenciones cumplan esos requisitos. ¿Qué opinión tiene al respecto? ¿Solo vale lo cuantitativo?

No, por supuesto que no. En la sociedad actual, estamos muy sesgados por una mirada reduccionista que obedece a una mentalidad métrico-cuantitativa. A veces podría parecer que solo existe aquello que se puede medir. Efectivamente, poder tener variables cuantitativas y objetivos o índices mensurables es muy importante, pero pensar que solo se deben tener en cuenta estos criterios puede llegar a empobrecer el cuidado y la atención clínica. En cuidados paliativos se habla de los “valores intangibles”: la escucha atenta, la presencia activa, respetar el silencio, acariciar a alguien, detectar tantas necesidades no expresadas ¿Es posible medir todas estas actitudes que parece que son más del alma? Diría que no.

En este sentido, desarrollar estudios cualitativos de rigor y reconocer la evidencia científica que aportan es muy importante para demostrar la factibilidad de intervenciones de musicoterapia.

Dicho esto, me parece inteligente ser capaces de adaptarnos al sistema. Hay cambios que, para que se den, requieren de la transición hacia nuevos paradigmas culturales (mentalidad) capaces de valorar, por ejemplo, el valor del cuidado a una persona que está en su etapa final y ya no muestra esperanzas de curación. La falta de una ley de cuidados paliativos en España es indicativa de cuáles son las prioridades económicas de nuestros gobiernos y de cómo las decisiones, con frecuencia, se orientan a criterios de coste-beneficio donde prima -como diría el filósofo Charles Taylor- la razón instrumental.

Los estudios cuantitativos, en efecto, no son los únicos capaces de aportar evidencia pero, sin duda, pueden ser fiables si siguen unos métodos rigurosos. Ante la afirmación de “en nuestra disciplina no siempre es posible que las intervenciones cumplan esos requisitos” diría que quizá hay que pensar nuevas formas, otras variables que permitan hacer investigación también cuantitativa. De hecho, ya se han publicado ensayos clínicos de intervenciones de musicoterapia e, intervenciones sobre “intangibles” como el sentido de la vida (Breitbart) o la percepción de la propia dignidad (Chochinov) han sido cuantitativamente evaluadas con mucho éxito y reconocimiento internacional.

Usted investiga especialmente en el entorno de los Cuidados Paliativos y Final de Vida ¿Qué cree que puede aportar la Musicoterapia y la figura del / la musicoterapeuta a este ámbito?

Muchísimo. El musicoterapeuta en Canadá era un miembro más del equipo clínico. Su rol era esencial en el conjunto porque de una forma indirecta –a través de la música- era capaz de abrir muchos temas de conversación (a menudo difíciles e inexplorados) y de abordar emocionalmente situaciones igualmente complejas. Me parece que la musicoterapia puede llegar a ser muy beneficiosa para curar, en este caso, no el cuerpo pero sí esa dimensión más espiritual o existencial que forma parte también de nosotros.

Si tiene alguna anécdota o quiere explicar alguna experiencia relacionada con la Musicoterapia, estaremos encantados de conocerlas.

Cuando estuve en el Grey Nuns pasé muchas horas con la musicoterapeuta y fue ahí cuando descubrí la fuerza de esta intervención. Conocí a dos hermanas que hacía años que no se hablaban. Su madre había ingresado hacía una semana en la unidad y la relación entre ellas era visiblemente tensa. Cuando entré en la habitación con la musicoterapeuta el ambiente era tenso. La musicoterapeuta se ofreció a cantar una canción tranquila y en ese momento se hizo palpable que el ambiente se relajó y hubo un acercamiento entre ellas. Sheila –que tiene la voz más bonita que he escuchado nunca- entonó «Fields of Gold», de Sting. Cuando terminó todo el mundo estaba muy emocionado y ellas empezaron a hablar de recuerdos familiares y de lo que les unía… ¡después de años sin haberse hablado! Me pareció un milagro…

Como última cuestión, ¿puede decirnos alguna canción, melodía, obra musical que sea especialmente significativa para usted?

Sí, “Fields of gold”. Esta canción se convirtió en una pieza muy significativa para mí desde que la escuché aquella vez y un recuerdo muy fuerte de la magia de la musicoterapia.

¡MUCHAS GRACIAS Dra. Rodríguez Prat por decir que sí enseguida a la propuesta de ser parte de Otras Miradas!!!!

¡Muchas gracias a vosotros!

 

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